Máxima Jesuítica
En esta época de en la que los escándalos corporativos mediáticos son frecuentes, resulta conveniente revisar los valores que sostienen el ejercicio del liderazgo en los negocios. Actualmente existen incontables ejemplos de personas que han logrado construir grandes empresas, pero poco se ha profundizado en el proceso de formación de un líder. Necesitamos más líderes de principios y altamente efectivos en las empresas, con liderazgo personal más confiable en el hogar y en el trabajo y más liderazgo visionario e inspirado por parte de quienes nos entrenan, enseñan, asesoran y aconsejan.
Un aporte interesante para llenar este vacío puede ser conocer la historia y el desarrollo de la que es posiblemente la empresa más grande y más antigua del mundo: la orden de la Compañía de Jesús. En su libro "El liderazgo al estilo de los jesuitas", publicado en español por Editorial Norma, Chris Lowney, exsacerdote jesuita y experimentado ejecutivo del banco de inversiones J.P. Morgan, nos revela, en un relato lleno de ejemplos, los principios que han guiado a los líderes jesuitas en sus diversas actividades durante más de 450 años.
Cuando Ignacio de Loyola fundó la Compañía de Jesús en el siglo XVI, se fijó ciertos objetivos en materia de captación y desarrollo de los líderes de la organización. En poco más de una generación, esta compañía religiosa iniciada por diez jesuitas sin capital ni plan de negocios pero con el conocimiento profundo sobre la clase de gente que pretendían reclutar y formar en la organización y las dotes que debían poseer sus líderes, llegó a ser una de las más influyentes del mundo: como confidentes de monarcas europeos, del emperador Ming de la China, del Shogun Japonés, del emperador mogol de la India, etc. Sus ideas todavía gozan de gran actualidad para los ejecutivos del siglo XXI.
En las organizaciones actuales existen jóvenes prometedores que parecen tenerlo todo para llegar a la cúspide. Sin embargo hoy sabemos que la inteligencia, la formación y la ambición no son suficientes, por lo que muchos de ellos terminan estancados. Estos fracasos pueden atribuirse, en muchos casos, a la falta de comprensión de las fortalezas y debilidades propias en un contexto cambiante. Así, en medio de las actividades diarias y urgentes, son pocos los que quieren detenerse a reflexionar sobre el rumbo que está adoptando su carrera y su vida. Los jesuitas parecen haberlo comprendido hace varios siglos ya que han desarrollado cuatro principios fundamentales: autoconciencia, adaptabilidad, heroísmo y amor.
Estos principios no son para un determinado sistema
religioso, operan con independencia de este tipo de creencias. La
autoconciencia constituye el elemento inicial del liderazgo jesuita, para
desarrollarla Loyola diseñó los Ejercicios Espirituales, que están constituidos
por una serie de meditaciones, oraciones y ejercicios mentales que tienen como
objetivo realizar un análisis introspectivo para llegar al conocimiento de uno
mismo, examinando la conciencia, mediante la meditación y el razonamiento,
eliminando los estados emocionales negativos y sometiéndose a una intensa
reflexión espiritual sobre las propias fortalezas y debilidades en relación con
la misión del movimiento.Cuando se retorna a las actividades cotidianas, el jesuita se toma todos los días unos momentos para reflexionar sobre sus objetivos últimos y las lecciones aprendidas durante la jornada para alcanzarlos. De esta forma analiza si se encuentra encarrilado o descarrilado con relación a la meta y desarrolla la competencia para tomar decisiones de medio término antes de que haya transcurrido demasiado tiempo y el error se convierta en un fracaso mayor, de tal suerte que produzca una reducción significativa de su efectividad personal y de la empresa.
Hoy día no es sorpresa para nadie que una de las claves del éxito de una persona o empresa es su adaptabilidad a los cambios en un mundo globalizado y cada vez más competitivo. Esta es una característica que los jesuitas hicieron suya cuando por ejemplo, sin renunciar al dogma cristiano; convivían, vestían y adoptaban las costumbres de los pueblos con los que se relacionaban
Nuestro moderno concepto del heroísmo está asociado
con el guerrero que conquista una base enemiga y recibe una condecoración. Los
jesuitas tenían otro concepto. Para ellos, el héroe era aquel con grandes
ambiciones y una pasión por la mejora continua, el hombre que constantemente
busca oportunidades para poner su granito de arena en el éxito de un proyecto
conjunto.
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