Breve diálogo de un teólogo y un mendigo, para llegar un alma con brevedad à lo último de la perfección cristiana / tomado del R.P. Mro. Fr. Johann Taulero, Religioso Dominico
Un teólogo muy famoso, estando inseguro de su saber, deseaba, con humilde
corazón hallar algún siervo de Dios que le enseñase el camino de la verdad, y
después de haber pedido esto por ocho años continuos, oyó una voz que le dijo:
“Sal fuera, a las gradas del Templo, y allí hallarás un hombre que te enseñará
el camino de la verdad”.
Salió el teólogo y halló un mendigo vestido con ropas viejas y agujereadas,
andaba descalzó y estaba lleno de lodo. Lo saludó el teólogo diciéndole:
Teólogo: Buenos días te de Dios,
hermano mío, y buen principio de día.
Mendigo:Yo te agradezco, ¡oh mi hermano!, tu saludo; pero debo decirte que no me
acuerdo haber tenido jamás un día malo, ni adverso, ni principio de día que
no fuese bueno.
Teólogo: Será como dices tú,
hermano, y con los días buenos que siempre tienes, Dios te haga bien afortunado
y te de buena dicha.
Mendigo: Buenas cosas me deseas,
hermano; pero entiende una verdad: nunca fui desafortunado, ni padecí
desdichas.
Teólogo: Quiera Dios, hermano mío,
que con las otras buenas dichas que tienes seas también afortunado. Debo
confesarte que no alcanzo a entender lo que tus palabras significan.
Mendigo: Pues debes saber que nunca
carecí ni carezco de bienaventuranza.
Teólogo:
Te ruego me hables claro, hermano mío, porque tu lenguaje
es para mí muy
oscuro.
Teólogo:Sí. Me has dicho que jamás
has tenido día malo; que nunca has sido desafortunado, y que jamás has carecido
de bienaventuranzas.
Mendigo: Ahora te las explicaré.
RESPUESTA PRIMERA
Mendigo:Sabe, hermano mío, que para
nosotros son buenos aquellos días que empleamos en alabanza de Dios; el cual
nos da vida en ellos para esto mismo; y son malos los días en que nos apartamos
de dar a Dios la gloria que le debemos; sean los acontecimientos prósperos o
adversos, pues en todos podemos y debemos loarle. Yo, como ves, soy un mendigo,
y voy peregrinando por el mundo sin tener un lugar donde resguardarme. Si por
no hallar quien me de limosna padezco hambre, alabo a Dios por ello. Y si por
ir mal abrigado padezco frío, alabo a Dios por ello. Al fin, todo lo que se me
ofrece adverso me es motivo de divinas alabanzas, y de esta manera, el día para
mí es bueno. Porque las adversidades no hacen que el día sea adverso, sino nuestra
impaciencia, que nace de no tener nuestra voluntad ejercitada en sus divinas
alabanzas en todo momento.
Teólogo: Ya conozco ahora, hermano
mío, que son buenos aquellos días que se pasan alabando a Dios.
RESPUESTA SEGUNDA
Mendigo: Dije que nunca fui desafortunado,
ni padecí alguna desdicha, y dije la verdad. La razón es esta: todos somos
dichosos cuando nos suceden acontecimientos prósperos. Mas, como Dios ordena
que aquello que nos suceda sea para nosotros lo mejor, se concluye que no sólo
yo, sino cualquier otro hombre que tenga los ojos del alma abiertos, se debe
tener por dichoso en cualquier circunstancia que Dios le dé.
Mendigo: De buena gana lo haré.
¿Recuerdas mis respuestas?
diario para el alma
Teólogo: Puedes decirme ahora,
hermano, ¿cómo ejercitas esta doctrina tan buena y esta verdad tan cierta?
Mendigo:Yo sé vivir con Dios, como
un hijo vive con su padre: considero que Dios es buen padre, que ama a sus
hijos. Y como es poderoso y sabio, sabe, puede dar a sus hijos lo que les ha de
ser mejor. Y así, sea lo que me suceda de gustoso, sea dulce o amargo, sea
honroso o deshonroso, sea salutífero o contrario a la salud, esto tengo por
mejor y de todo doy gracias a Dios.
RESPUESTA TERCERA
Mendigo:Por bienaventurado tenemos
entre los hombres al que obtiene lo que desea, al que en todo se sale con la
suya, cuya voluntad se cumple sin resistencia ni contradicción. No hay hombre
en el mundo que, viviendo según sus leyes, llegue a tener esta bienaventuranza
entera. En el cielo la poseen los bienaventurados, porque no quieren otra cosa
que lo que quiere Dios. De la misma manera será entre los mortales.
El hombre que tiene muertos sus apetitos humanos y su voluntad totalmente
entregada a la de Dios, bienaventurado en la Tierra le podemos y debemos
llamar, pues en todo se hace su voluntad, acorde a la de Dios.
Teólogo:Dime ahora, hermano mío,
¿cómo practicar esta divina enseñanza?.
Mendigo: Te lo declararé, a gloria
de Aquel que me dio la gracia para ello. Yo determiné ajustarme a la gracia de
Dios, de tal manera, que la mía no traspase la suya. De esta suerte vivo
contento, porque todo cuanto Dios hace me da alegría, más dulce y más sabrosa
que la que tiene el hombre que hace cuanto sus apetitos desean.
Teólogo:Te he entendido bien en qué
se asienta tu bienaventuranza. Tengo, empero, una duda acerca de la resignación
con que conviene nuestra voluntad a la de Dios. Y es que me digas que harías si
Dios te quisiese echar en los profundos abismos del infierno.
Mendigo:Tengo dos brazos
espirituales. El uno es la humildad, que me sujeta a la sacratísima humanidad
de nuestro Señor Jesucristo, y éste es el brazo izquierdo. El derecho es el
amor con que estoy abrazado con la Divinidad del mismo Señor. Con este brazo le
tengo tan abrazado, que cayendo yo en el infierno, no dejaría de estar con
Dios. Y en este caso consideraré mejor ir con amistad de Dios al infierno, que
estar sin su gracia en el más deleitoso lugar que pueda uno imaginarse.
Teólogo: Ya entiendo lo que me
quieres decir: debemos exclamar ante Su Majestad: “¡Señor, con que te ame, con
que no esté privado de alabarte, échame donde quisieres, porque todo lugar me
será bueno, con tal que de Ti no este apartado!”
Mendigo: Bien me has entendido.
¿Tienes alguna duda más?
Teólogo: ¿Dónde le podré hallar
ahora para unirme más estrechamente a Él?
Mendigo: Ni tú le hallarás en otra
parte, ni yo, ni nadie, sino donde dejemos las criaturas por Él.
Teólogo: ¿Adónde dejaste ahora a
este Señor?
Mendigo: En los corazones limpios, en los hombres de buena voluntad, en éstos lo dejo
y en éstos lo hallo.
Teólogo: No puedo dejar de
preguntarte quién eres; querría conocerte y que se quedase en mi memoria tu
nombre, por los beneficios recibidos de ti en este día.
Mendigo: No puedo darte más exacta
respuesta, para descubrirte quién soy, que asegurarte que soy rey.
Teólogo: ¿Cómo es posible que tú
seas rey? ¿Dónde tienes el reino?
Mendigo:
Lo tengo en mi alma; porque yo se regir todos mis
sentidos y potencias interiores
y exteriores. Verdaderamente, hermano mío, que sobre todos los reinos del
mundo, está este único Reino.
Teólogo: ¿De dónde vienes?
Mendigo: Vengo de Dios, y así mi
camino es de Dios y va hacia Dios; el que va conmigo es el mismo Dios. Te lo
explicaré: como Dios está presente en todo lugar y su esencia está en todas las
criaturas, aunque yo cambie de lugar y sean otras y otras las criaturas que
veo, y con quienes hablo y trato, en todas hallo a Dios y más a Él que a ellas.
Si ellas me escondiesen a Dios o me estorbasen el que lo hallara, huiría de
ellas como de enemigos mortales.
Teólogo:Te ruego me expliques ahora
cómo has llegado a tanta perfección.
Mendigo: Con tres recursos. Son
éstos: continuo silencio, altos pensamientos y unión con Dios. Así tú, hermano
mío, si quieres atesorar perfección y tener verdadero reposo, no le busques
entre las criaturas. Ejercítate sinceramente en las tres cosas mencionadas.
Guarda perfecto silencio y huye de la conversación de los hombres, que nos
impiden algunas veces la paz. Haz que tus pensamientos no sean bajos, sino
altos; no sean de cosas temporales, sino eternas; no humanas, sino divinas; no
de carne, sino de espíritu; no de la Tierra, sino del Cielo. La unión con Dios
sea tu vida; desapégate de todo lo criado, como si no hubiese criaturas en el
mundo. Mírale como a una casa incendiada, de la cual huyen los que no quieren
perecer en ella. De ésta manera te hallarás más dispuesto a unirte a Dios y
para tener paz y reposo en Él. Al cual suplico te de su gracia y te disponga
para recibirla como te he enseñado. Amén.

Excelente historia, gracias al blog por publicar toda la información tan importante para la vida.
ResponderBorrarEsta es suna historia muy representativa del Principio y Fundamento de la Espiritualidad Ignciana:
ResponderBorrarHemos sido creados para "Alabar, Reverenciar y Servir a Dios", y yo añado , "donde el quiera ser encontrado y Servido por cada una de sus criaturas" y de ese forma salvar su alma y ayudar a la salvacion de las demas.
El Desear y Elegir, dentro de todas las cosas creadas a disposicion de la criatura, solo aquellas que lo lleven a alcanzar el fin para el que fue creado, indiferencia y discernimiento, hace posible la busqueda del querer de Dios, su voluntad, para nuestras vidas en todo momento.
En este Rey, el teologo, encontro la sublimacion del amor.