viernes, diciembre 04, 2015

Archimandrita Sofrony, sobre la oración


  • “Nos parecerá en ocasiones que los frutos de la oración maduran con excesiva lentitud: su medida no se ajusta a la brevedad de nuestra existencia. Un grito se escapará entonces de nuestro pecho: ‘¡Apresúrate!’. Dios no siempre responde inmediatamente a nuestra llamada. Como un fruto colgado del árbol, Él abandona nuestra alma a los ardores del sol, la expone a los asaltos de los vientos helados o abrasadores, al tormento de la sed o a las lluvias torrenciales. Pero si no soltamos la franja de su manto veremos el resultado feliz de nuestro esfuerzo.” 

    “Unas veces la oración fluye en nosotros como un río impetuoso, otras, en cambio, el corazón se seca... A veces, sin embargo, nos vemos arrastrados por las olas del Amor divino, que interpretaremos unilateralmente, en nuestra ingenuidad, como si se tratase de nuestro amor hacia Él... Así sucedió conmigo. No me atrevía a pensar que el creador del universo, en su grandeza infinita, pudiese fijar su atención en un ser tan insignificante y miserable como yo.. No podía imaginar que Él mismo oraba en mí.” (1819)

    "En Cristo el hombre se hace universal.
    Sentí entonces que todo el mundo se me hacía más cercano,
    Nació en mí una íntima compasión por toda la Humanidad.
    Cada crisis, cada guerra me dejaba una honda herida interior. Cada alcance, cada logro de los pueblos me hacía florecer.
    Al orar vivía la vida de toda la Humanidad como mi propia vida.
    Unido a toda la Humanidad, Dios me abraza con más fuerza que el aire. En la oración se pone al desnudo la entraña misma de nuestra alma, Que no soporta ser tocada más que por la mano de su Creador.
    Él me alcanza sin dificultad, dondequiera que yo esté." 

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