viernes, julio 12, 2013

Un poema de Kabir


¡Oh, amigo! La unión sencilla es la mejor.
Desde el día en que encontré a mi Señor,
no ha habido final para nuestro juego amoroso.
Ya no cierro los ojos, ni los oídos
,
ni mortifico mi cuerpo;
veo con los ojos abiertos,
sonrío y contemplo
su belleza en todas partes.
Pronuncio Su Nombre, y le recuerdo en todo lo que veo;
todo lo que hago se convierte en Su adoración.



La salida y la puesta del sol

son una sola cosa para mí;

todas las contradicciones están resueltas.
Dondequiera que voy, me muevo alrededor de Él,

y todo lo que deseo obtener es poder servirle.
Cuando me acuesto, yazgo postrado a Sus pies.


Él es el único a quien puedo adorar:

no tengo a ningún otro.

Mi lengua ha dejado las palabras impuras;
sólo canta Sus glorias día y noche.
Si me levanto o me siento, no puedo nunca olvidarle,
pues el ritmo de Su música golpea en mis oídos.


Kabir dice:
“Mi corazón está frenético,

abro mi alma a lo que está oculto.
Sumergido estoy en esa única dicha
que trasciende todo placer y dolor.”

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