sábado, julio 13, 2013

Relaciones enfermizas

 “Aunque parezca producto de novela de terror o de cultura lejana, miles de mujeres- y varios hombres también- de este México del siglo XXI son víctimas de este tipo de relaciones y, lo que es peor, son adictas a ellas”, así lo afirma el psiquiatra Ernesto Lammoglia.

De acuerdo al Dr. Lammoglia muchos individuos son adictos a estas relaciones porque de pequeños lo vivieron en su casa, dentro de su familia; y son modelos conductuales que repiten a lo largo de su vida en diversas situaciones. 
La dinámica de una “relación enfermiza” se caracteriza por poseer una increíble capacidad para crear las condiciones para vivir mal, para hacer infeliz al otro.

Dentro de ese vivir mal ocupa un sitio importante la parte emocional, la de realización personal, como por ejemplo la ausencia de proyectos compartidos, la agresión constante mediante la desvaloración, subestimación, insultos, infidelidad y burla; en cuanto a lo físico va desde empujones, forcejeos y apretones, hasta brutales golpizas.
Los comportamientos clásicos en este tipo de relación son:
a) Se establece una relación de “control” con la vida del otro.
b) Para evitar problemas el “controlado” renuncia a actividades y a personas que son importantes en su vida, permitiendo que el otro maneje su vida.
c) Cuando el “controlado” hace algo que disgusta al “controlador”, este se violenta, generando un estado de angustia o miedo en el otro.
d) Por lo regular el “controlado” mantiene en secreto lo que vive, no dice nada a familiares y amigos por vergüenza o por evitar conflictos.
e) El “controlado” suele desorientarse en los momentos en que el “controlador” se arrepiente y pide disculpas, sembrando la esperanza de un cambio en lo futuro.
f) El “controlado” llega a pensar que puede cambiar al otro, que todo es cuestión de tiempo.
g) La vida cotidiana de estas relaciones se desarrolla dentro de una dinámica de “dominio-dependencia”, de “estira y afloja”; mientras más tiempo pase, la adición a lo enfermizo raya en la destrucción. 

Se invita a que hagamos conciencia del cómo nos relacionamos con seres significativos, si notamos que en nuestro comportamiento existen varias de estas actitudes se recomienda que hablemos con alguien: familiares, amigos, maestros; que busquemos ayuda profesional: psicólogos, médicos, sacerdotes, etc., a fin de buscar el desahogo e intercambiar puntos de vista con respecto a lo tratado.

Hay que recordar que no existen “recetas mágicas” y que cada caso es particular y requiere de un tratamiento específico.

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